El día del cumpleaños de mi abuela llegamos a la fiesta un poco antes para ayudar en lo que fuera necesario pero al entrar por el portal quedó claro que ayudaríamos más si no movíamos nada de su lugar, el lugar era un salón de fiesta con columnas gruesas de madera obscura y el techo alto con decoraciones en dorado resplandeciendo. Luces tenues , barras de postres y un piano negro en un pequeño escenario al fondo fueron las primeras cosas que noté del lugar, además de los meseros vestidos de negro y las copas impecables colocadas en forma de pirámide sobre un mantel blanco. Inmediatamente sentí que iba vestida demasiado casual para la ocasión...y eso que llevaba vestido y hasta tacones.
Después de un rato comenzaron a llegar los invitados, familiares que aunque me reconocían al instante a mi me costaba mucho recordar, tías con perlas al cuello y sus maridos con bigotes obscuros. Aunque sabía exactamente donde me encontraba no podía sentirme un poco perdida, me disculpé con mi familia y salí un momento al balcón en donde se encontraban algunas personas fumando y otras carcajeándose mientras daban tragos a sus bebidas. Recargué mi cuerpo en el barandal mientras observaba el exterior. El salón donde se celebraba la fiesta estaba en el último piso de un edificio antiguo de St Thomas, si ese mismo edificio se encontrara en Port Spirit seguramente el salón no tendría techo y sería más bien una terraza pero estando en un lugar tan frío lo menos que quería la gente era estar a la intemperie por mucho tiempo, estaba pensando en eso cuando alguien me ofreció un abrigo...
-Tu madre vio que te dirigías hacia aquí y me mandó a darte esto
-Gracias Tony-me coloqué un abrigo negro que de hecho mi abuela me había regalado hacía ya varias navidades.
-Por nada-se colocó a mi lado con los brazos cruzados-sí que está frío aquí fuera.
-Sí, pero prefiero estar aquí a tener que volver a saludar a alguien que dice que me sigo viendo igual que cuando me vieron por última vez.
-Ja, y sí que tenemos una familia muy grande, creo que la abuela tuvo ocho hermanos así que eso a de haber contribuido.
-Sí, seguro es eso.
Vi que Tony sacaba algo del bolsillo de su saco...
-¿Quieres uno?-me ofreció un cigarrillo.
-No gracias, y no sabía que fumabas.
-Es que con este frío se antoja-prendió en un instante el cigarro-sólo no se lo digas a mi madre, ¿está bien?
-Está bien.
Estuvimos en silencio un rato observando el paisaje, desde el balcón se podía ver todo el poblado, había muchas casas con humo saliendo desde las chimeneas y un par de hoteles nada excéntricos y más bien antiguos que decoraban las alturas de St Thomas. Las montañas nevadas decoraban el valle y a lo lejos podía visualizar el lago congelado donde había patinado tantas veces en mi infancia.
-Es muy raro, podría dejar de ver este lugar por cincuenta años y cuando regresara sentiría que sigue siendo mi hogar.
-Sí, ¿pero no sientes que Port Spirit también es tu hogar?
-Sí, pero bueno, supongo que en donde sea que esté mi familia y seres queridos va a ser mi hogar.
-Supongo.
-Deberíamos de regresar-exhaló por última vez el humo grisáceo que formó ondas y desapareció con el viento de invierno-escuché que un gran pianista tocará en...-observó su reloj-cinco minutos.
-Vamos pues, que ya me estoy congelando.
Tomé unos postres de la barra antes de llegar a sentarme junto a mis hermanos.
Y efectivamente unos minutos después alguien comenzó a tocar el piano, moviendo los dedos agilmente de tecla en tecla. Di el último mordisco a un brownie y observé el piano negro que tanto había llamado mi atención al principio de la velada para aplaudirle al pianista que terminaba de tocar una versión corta de "Invierno" de Vivaldi.
Tony había aprendido a tocar piano antes de aprender a multiplicar.
El resto de la noche pasó volando entre la cena, más postres, una violinista y un discurso de mi abuelo felicitando a mi abuela por su cumpleaños.
"La vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes."-John Lennon
19 agosto, 2013
25 marzo, 2013
St Thomas
Fueron las cinco horas más largas de mi vida, no podía dejar de pensar en él y no sólo tenía preguntas en la cabeza, tenía todos los recuerdos agolpados repitiéndose miles de veces, pues ya no sentía tan lejano los días que había pasado con él, ni los sentimientos que casi había dado por olvidados.
Cuando llegué al aeropuerto de St. Thomas y recogimos nuestras maletas esperamos un taxi mientras mi familia se sentaba en una banca dentro del edificio, guardando calor pues en el exterior parecía congelador, el lugar nos había recibido con una nieve blanca y pesada que se acumulaba en las calles. Yo no podía estar sentada, caminaba de un lado a otro, en parte por el frío pero además porque tenía en mi mente su rostro, su sonrisa, sus ojos.
En eso sonó mi celular.
-¿Kate?-pregunté confundida al ver el número entrante
-Pauline, ¡adivina con quien acabo de encontrarme!
-Déjame adivinar...¿Axell?
-¿Qué?¿Cómo lo supiste?
-Lo vi en el aeropuerto antes de subir a mi vuelo, ¿no te dijo que me había visto?
-...en realidad no.
-oh...-esperé tener un tono neutral-¿hablaste con él?
-Sí, me lo encontré mientras regresaba a mi casa, pero sólo me dijo que acaba de llegar de Irlanda y que estaba muy cansado así que después de despedirnos entró directo a su casa.
-¿Sólo eso?-conocía a Kate lo suficiente como para saber que se guardaba algo
-Bueno, me preguntó si había visto a Arthur últimamente y le dije la verdad...que hacía mucho que no le hablaba siquiera.
-¡Pauline, ya ha llegado el taxi!
-Kate, tengo que irme ahora...mi familia me espera.
-Si si, luego volvemos a hablar...¡cúbrete bien!
Cuando llegamos a la cabaña en donde nos quedaríamos una semana, todos estábamos muertos de cansancio y frío y sólo queríamos cubrirnos con cobijas y dormir, así que después de tomar un chocolate caliente caímos rendidos en nuestras respectivas habitaciones.
A la mañana siguiente me desperté al olor de unos hot cakes y café negro, salí cubierta todavía de una cobija de franela a la cocina desde donde alcanzaba a ver una chimenea que calentaba toda la planta baja. Mientras esperaba a que mi mamá terminara de servir el desayuno exploré un poco el lugar, la cabaña era grande pero hogareña y reconfortante, todas las paredes eran de madera obscura y los muebles de colores cálidos. Desde la ventana que daba al exterior vi la colina bañada de nieve blanquecina y los caminos siendo limpiados por una máquina enorme que raspaba el hielo.
Después de desayunar nos arreglamos y fuimos a visitar a mis abuelos, su casa era igual a como la recordaba pero mis abuelos se veían un poco diferentes, más cansados, aunque seguían con el mismo buen humor de siempre, especialmente ahora porque iban a tener una gran fiesta y familiares vendrían de todos lados, pero mi abuelo ahora ocupaba un bastón y mi abuela unos anteojos más grandes.
Me preguntaron cómo me sentía en Port Spirit, acerca de mis calificaciones y amigos y la pregunta de siempre, que si tenía pareja; mi abuela siempre se preocupaba por quién me mantendría cuando creciera y saliera de la casa de mis padres, aunque le recordara que yo podía tener mi propio empleo y dinero, seguía pensando que necesitaría a un hombre "fuerte y trabajador" que trajera dinero mientras yo cuidaba a mis hijos. Mi abuela y sus ideas. Después de que le dije que estaba saliendo con alguien quedó satisfecha y siguió con la serie de preguntas.
A la hora del almuerzo llegó Tony y mi tía, quienes acababan de llegar del aeropuerto y se quedarían en casa de mis abuelos todas las vacaciones. Así que después de que se hubieran alojado en la habitación de invitados, sacaron un postre francés que mi tía había traído para obsequiarlo a mis abuelos y que al fin y al cabo todos terminamos probando. Mientras mis hermanos planeaban cuando irían a esquiar yo platicaba con Tony, esa casa nos traía muchos recuerdos pues habíamos crecido ahí, mientras nuestros padres trabajaban, mis abuelos nos cuidaban... nos leían cuentos y dejaban que saltáramos en un sillón que hasta la fecha tenían.
Recordaba como una vez habíamos roto sin querer un jarrón mientras jugábamos en la sala y Tony me había inculpado, pero a fin de cuentas mi abuela había visto desde lejos lo que había ocurrido y nos terminó regañando a los dos. Y ahora estábamos aquí, casi adultos, sentados en el mismo sillón medio roto ya, hablando de cosas que nos parecían ya muy lejanas.
Regresamos a la cabaña antes de que anocheciera y todo enfriara aun más, cenamos pan dulce y bebidas calientes y proseguí a subir a mi habitación, tomar una ducha y acostarme un rato mientras me llegaba el sueño, después de todo, el día siguiente sería el día de la fiesta y sería un día muy largo.
No sabía cuanto tiempo tenía dormida ni qué hora era pero cuando sonó mi celular lo contesté aun con la visión borrosa...
-¿Quién habla?-dije con la voz adormilada
-Pau, soy yo...perdón, ¿te desperté?
-Sí, pero no te preocupes, ¿qué pasa Kate?
-Lo siento, sólo estoy en una fiesta muy aburrida con mis padres y pensé en hablarte y contarte algo nuevo.
-Cuéntame-dije mientras me sentaba en la cama y me despertaba más.
-Bueno, estoy en una fiesta de la empresa en la que trabaja mi padre y...¿te había dicho que el papá de Axell también trabaja en ella?
-Noo-eso definitivamente me despertó mejor.
-Bueno, trabajan en el mismo área de la empresa, como sea...el también vino y platicamos un rato porque todos los demás son adultos y moríamos de aburrimiento y bueno, ¿adivina por quién me preguntó?
-Oh Dios-exclamé lo más tranquila que pude.
-Sí, por ti. Le he dicho que estabas bien y que te habías ido a St Thomas con tu familia pero que regresabas poco antes de Año Nuevo y ¿adivina qué dijo?-estaba vez no me dejó contestar-me preguntó si iríamos al Celcamp de este año y que si íbamos podrían verse...bueno dijo "vernos" pero yo se que se refería a ti solamente y...
-espera, ¿ir al qué?
-ah no lo sabes, cada año en la playa se hace una celebración de año nuevo, ya sabes con juegos pirotécnicos y todo eso, algunas personas se quedan a acampar en la playa incluso, es muy divertido, ya he ido otros años.
-¿Y quiere que nos veamos?
-Sí, bueno, todo mundo va, siempre me encuentro a media escuela ahí, pero deberíamos de ir, sería muy lindo que tú y Axell...
-Kate, no hay un "tú y Axell". Olvidas un pequeño detalle-suspiré-ahora estoy con Oliver.
-Oh.
Cuando llegué al aeropuerto de St. Thomas y recogimos nuestras maletas esperamos un taxi mientras mi familia se sentaba en una banca dentro del edificio, guardando calor pues en el exterior parecía congelador, el lugar nos había recibido con una nieve blanca y pesada que se acumulaba en las calles. Yo no podía estar sentada, caminaba de un lado a otro, en parte por el frío pero además porque tenía en mi mente su rostro, su sonrisa, sus ojos.
En eso sonó mi celular.
-¿Kate?-pregunté confundida al ver el número entrante
-Pauline, ¡adivina con quien acabo de encontrarme!
-Déjame adivinar...¿Axell?
-¿Qué?¿Cómo lo supiste?
-Lo vi en el aeropuerto antes de subir a mi vuelo, ¿no te dijo que me había visto?
-...en realidad no.
-oh...-esperé tener un tono neutral-¿hablaste con él?
-Sí, me lo encontré mientras regresaba a mi casa, pero sólo me dijo que acaba de llegar de Irlanda y que estaba muy cansado así que después de despedirnos entró directo a su casa.
-¿Sólo eso?-conocía a Kate lo suficiente como para saber que se guardaba algo
-Bueno, me preguntó si había visto a Arthur últimamente y le dije la verdad...que hacía mucho que no le hablaba siquiera.
-¡Pauline, ya ha llegado el taxi!
-Kate, tengo que irme ahora...mi familia me espera.
-Si si, luego volvemos a hablar...¡cúbrete bien!
Cuando llegamos a la cabaña en donde nos quedaríamos una semana, todos estábamos muertos de cansancio y frío y sólo queríamos cubrirnos con cobijas y dormir, así que después de tomar un chocolate caliente caímos rendidos en nuestras respectivas habitaciones.
A la mañana siguiente me desperté al olor de unos hot cakes y café negro, salí cubierta todavía de una cobija de franela a la cocina desde donde alcanzaba a ver una chimenea que calentaba toda la planta baja. Mientras esperaba a que mi mamá terminara de servir el desayuno exploré un poco el lugar, la cabaña era grande pero hogareña y reconfortante, todas las paredes eran de madera obscura y los muebles de colores cálidos. Desde la ventana que daba al exterior vi la colina bañada de nieve blanquecina y los caminos siendo limpiados por una máquina enorme que raspaba el hielo.
Después de desayunar nos arreglamos y fuimos a visitar a mis abuelos, su casa era igual a como la recordaba pero mis abuelos se veían un poco diferentes, más cansados, aunque seguían con el mismo buen humor de siempre, especialmente ahora porque iban a tener una gran fiesta y familiares vendrían de todos lados, pero mi abuelo ahora ocupaba un bastón y mi abuela unos anteojos más grandes.
Me preguntaron cómo me sentía en Port Spirit, acerca de mis calificaciones y amigos y la pregunta de siempre, que si tenía pareja; mi abuela siempre se preocupaba por quién me mantendría cuando creciera y saliera de la casa de mis padres, aunque le recordara que yo podía tener mi propio empleo y dinero, seguía pensando que necesitaría a un hombre "fuerte y trabajador" que trajera dinero mientras yo cuidaba a mis hijos. Mi abuela y sus ideas. Después de que le dije que estaba saliendo con alguien quedó satisfecha y siguió con la serie de preguntas.
A la hora del almuerzo llegó Tony y mi tía, quienes acababan de llegar del aeropuerto y se quedarían en casa de mis abuelos todas las vacaciones. Así que después de que se hubieran alojado en la habitación de invitados, sacaron un postre francés que mi tía había traído para obsequiarlo a mis abuelos y que al fin y al cabo todos terminamos probando. Mientras mis hermanos planeaban cuando irían a esquiar yo platicaba con Tony, esa casa nos traía muchos recuerdos pues habíamos crecido ahí, mientras nuestros padres trabajaban, mis abuelos nos cuidaban... nos leían cuentos y dejaban que saltáramos en un sillón que hasta la fecha tenían.
Recordaba como una vez habíamos roto sin querer un jarrón mientras jugábamos en la sala y Tony me había inculpado, pero a fin de cuentas mi abuela había visto desde lejos lo que había ocurrido y nos terminó regañando a los dos. Y ahora estábamos aquí, casi adultos, sentados en el mismo sillón medio roto ya, hablando de cosas que nos parecían ya muy lejanas.
Regresamos a la cabaña antes de que anocheciera y todo enfriara aun más, cenamos pan dulce y bebidas calientes y proseguí a subir a mi habitación, tomar una ducha y acostarme un rato mientras me llegaba el sueño, después de todo, el día siguiente sería el día de la fiesta y sería un día muy largo.
No sabía cuanto tiempo tenía dormida ni qué hora era pero cuando sonó mi celular lo contesté aun con la visión borrosa...
-¿Quién habla?-dije con la voz adormilada
-Pau, soy yo...perdón, ¿te desperté?
-Sí, pero no te preocupes, ¿qué pasa Kate?
-Lo siento, sólo estoy en una fiesta muy aburrida con mis padres y pensé en hablarte y contarte algo nuevo.
-Cuéntame-dije mientras me sentaba en la cama y me despertaba más.
-Bueno, estoy en una fiesta de la empresa en la que trabaja mi padre y...¿te había dicho que el papá de Axell también trabaja en ella?
-Noo-eso definitivamente me despertó mejor.
-Bueno, trabajan en el mismo área de la empresa, como sea...el también vino y platicamos un rato porque todos los demás son adultos y moríamos de aburrimiento y bueno, ¿adivina por quién me preguntó?
-Oh Dios-exclamé lo más tranquila que pude.
-Sí, por ti. Le he dicho que estabas bien y que te habías ido a St Thomas con tu familia pero que regresabas poco antes de Año Nuevo y ¿adivina qué dijo?-estaba vez no me dejó contestar-me preguntó si iríamos al Celcamp de este año y que si íbamos podrían verse...bueno dijo "vernos" pero yo se que se refería a ti solamente y...
-espera, ¿ir al qué?
-ah no lo sabes, cada año en la playa se hace una celebración de año nuevo, ya sabes con juegos pirotécnicos y todo eso, algunas personas se quedan a acampar en la playa incluso, es muy divertido, ya he ido otros años.
-¿Y quiere que nos veamos?
-Sí, bueno, todo mundo va, siempre me encuentro a media escuela ahí, pero deberíamos de ir, sería muy lindo que tú y Axell...
-Kate, no hay un "tú y Axell". Olvidas un pequeño detalle-suspiré-ahora estoy con Oliver.
-Oh.
17 diciembre, 2012
Aeropuerto ajetreado.
-Te extrañaré
-Y yo a ti.
Me dio un abrazo largo mientras yo cerraba los ojos y sentía el calor que emanaba de su cuerpo.
Eran las diez de la mañana en el aeropuerto de Port Spirit.
Mi familia estaba en la sala de espera, con maletas grandes en el suelo y abrigos gigantes puestos. Yo me estaba despidiendo de Oliver antes de que avisaran la salida de nuestro vuelo a St. Thomas. Nuestro viaje que tanto habíamos aguardado por fin estaba sucediendo, faltaban unos días para Nochebuena aun pero queríamos llegar antes pues el cumpleaños de mi abuela era el día 20 y habría una gran fiesta para la cual nos matarían si no llegábamos así que habíamos sacado gorros, bufandas y botas que ya habían quedado al fondo de nuestros armarios para soportar el frío que nos esperaba.
-Será mejor que me vaya ya...mi familia me está esperando y me matarán si perdemos el vuelo por mi culpa.
-Sí...nos veremos en enero-dijo después de suspirar.
-Sí, por cierto, saluda a tu familia de mi parte-la madre y padrastro de Oliver vendrían a Port Spirit a pasar la Navidad puesto que él no sabía aun si podía viajar...su médico se había ido de vacaciones a Nueva York y había dejado la cita para principios del siguiente año. Increíble.
-Claro, y tú cuida de Tony, no se lo vaya a tragar un oso.
-Ya quisiera-dije riendo.
Se escuchó una voz que hizo eco en todo el lugar:
-Vuelo A25 a St Thomas, favor de pasar a la puerta 4.
-Esa es mi señal de salida-comenté en voz baja-Oliver, pasa unas lindas vacaciones.
Me puse de puntillas para besarle rápido y darle un último abrazo.
-Que pases una feliz Navidad, Pauline-me dijo mientras aun me rodeaba con sus brazos.
-Igual tú.
Me acomodé el gorro blanco que traía y me di la vuelta para encontrarme con mi familia, quienes estaban al otro extremo del lugar.
Caminé por el pasillo buscando la puerta 4 hasta encontrarla. Me acerqué a mi familia quienes me estaban apresurando ya, y esperé a que tomaran mi boleto y nos dejarán entrar al avión. Mientras esperábamos en la fila, observé a mi alrededor; techos altos, ventanas gigantes que dejaban ver los aviones del exterior, tiendas de comida rápida, cafetería y masajes express. Empresarios al teléfono mientras caminaban apresurados con una simple maleta negra, madres tomando a sus hijos de la mano mientras trotaban por el pasillo con todo y equipaje, extranjeros un poco perdidos, personas sentadas mientras esperaban que su vuelo estuviera listo y...¿él?
Pensé verlo por un instante, volví la mirada y lo perdí por un momento pero entonces miró hacia donde yo me encontrraba de nuevo y...era él. Realmente estaba ahí. Axell.
Mi hermano me dio un empujoncito pues la fila para entrar al avión estaba avanzando, pero no lo dejé de observar ni un segundo, ni él a mi. Sonrió con todo y sus dientes blancos. Sonreí de vuelta.
-¿Señorita?-una mujer con lentes me miraba mientras extendía la mano hacia mi.
-Ah perdón-le entregué mi boleto y ella separó una parte del papel mientras marcaba la otra y me la regresaba.
Dí dos pasos y miré atrás, pero lo único que vi fue un aeropuerto ajetreado.
08 octubre, 2012
¿Mejor aún?
Troté hasta mi casa, abrí la puerta sigilosamente y saqué mi bicicleta antes de que alguien me viera escabullendome. Escuché risas detrás, seguro mi hermano y sus amigos seguían viendo el partido.
Cuando bajé los peldaños del porche me trepé a mi bici y me dirigí hacia la izquierda, pasé en frente de la casa de mis vecinos y con un vistazo rápido la dejé atrás. Apenas y recordaba dónde quedaba Bleach Cornet pero sabía que de alguna manera u otra llegaría.
Pedaleé rápido, sin mirar atrás, sin pensar en nada más que no fueran mis recuerdos.
Traté de poner las imágenes en orden, todo lo que había sucedido ese día, desde la comida que traíamos en las canastas hasta la ropa que traía Axell ese día, era como si hiciera falta algo, como si faltara una pieza en el rompecabezas, ¿pero...qué?.
Pedaleo.
Semáforo.
Rojo.
Verde.
Crucé la calle sin mirar a los lados, no me di cuenta de eso hasta que escuché un pitido detrás. Frené.
-¡HEY, QUE NO VEZ QUE ESTÁ EN VERDE!
-lo siento-dije con el corazón acelerado por la adrenalina.
Ni siquiera volteé a ver al conductor, sólo seguí pedaleando.
Pero el conductor sí que me había visto.
-¿Pauline?
Me detuve en seco al escuchar mi nombre.
-Ho-hola.
-¿Te pasa algo?-el auto se había orillado al lado de la banqueta donde me encontraba.
-Sí...yo...si estoy bien, ¿qué haces aquí?
Oliver se bajó de su auto.
-Quería sorprenderte...iba a tu casa-me miró confundido-¿qué haces aquí, por cierto?
-Yo...-ni loca le decía la verdad-estaba paseando...quería tomar aire fresco.
Frunció el ceño...justo como lo hacia Ax...
-Te ves...algo alterada.
-No ¿qué? claro que no...sólo estoy agitada por el calor.
-Bueno, ¿ quieres ir a ver una película o algo?
-Yo...-miré el cielo, no me había dado cuenta de que ya estaba anocheciendo, así nunca encontraría Bleach Cornet-sí, claro, vamos...sólo que tengo mi bicicleta.
-No te preocupes, yo la acomodo en el auto, tú sólo ponte cómoda en el asiento.
Le hice caso un poco desorientada, mientras Oliver acomodaba mi bicicleta cerré los ojos un momento...
quizás estaba mal...¿por qué quería regresar a las cosas del pasado cuando mi presente era tan perfecto, tenía a un chico que me quería por quien era y con el que me la pasaba bien, ¿por qué volver a pensar en alguien que ya no pensaba en mi? ¿por qué volver a esos sentimientos agridulces?
-Pa-u.
-¿Sí?
-Lo siento, es sólo que parecías un poco perdida, te preguntaba que si querías ordenar comida china en el departamento.
-Si si, bien por mi.
-O...k.
-Vamos, ¿sí?-traté de estar en el momento-estoy un poco perdida porque...porque...mis padres salieron de la ciudad porque mi tío murió y fueron al funeral...
-¿Qué? no me habías contado eso...¿segura que estás bien?-preguntó realmente consternado...se veía tan adorable al estar preocupado.
-Podría estar mejor pero...sí sobreviviré.
Sonrió y sujetó mi mano antes de acelerar el auto.
Llegamos a Villas y mientras Oliver ordenada la cena entré al tocador, me miré en el espejo...con razón se había preocupado, tenía el maquillaje deshecho, el cabello despeinado y hasta pequeñas plantas de cuando me había recostado en el césped del parque.
Me arreglé como mejor pude, traté de sonreír al espejo para demostrar mi sonrisa de 'estoy perfectamente bien' y aunque no funcionó salí así.
Oliver estaba en la cocina sirviendo jugo de arándano en dos vasos de vidrio, me dio uno a beber antes de sentarse a mi lado en la sala. Me recargué en su hombro mientras él cambiaba de canal al televisor, buscando una película decente y sabiendo que yo no tenia muchas ganas de hablar.
Oliver era increíble, ¿cómo se me había ocurrido pedir algo más?
Lo besé en los labios antes de acurrucarme en su pecho y ver una película clásica hasta quedarme dormida.
Cuando bajé los peldaños del porche me trepé a mi bici y me dirigí hacia la izquierda, pasé en frente de la casa de mis vecinos y con un vistazo rápido la dejé atrás. Apenas y recordaba dónde quedaba Bleach Cornet pero sabía que de alguna manera u otra llegaría.
Pedaleé rápido, sin mirar atrás, sin pensar en nada más que no fueran mis recuerdos.
Traté de poner las imágenes en orden, todo lo que había sucedido ese día, desde la comida que traíamos en las canastas hasta la ropa que traía Axell ese día, era como si hiciera falta algo, como si faltara una pieza en el rompecabezas, ¿pero...qué?.
Pedaleo.
Semáforo.
Rojo.
Verde.
Crucé la calle sin mirar a los lados, no me di cuenta de eso hasta que escuché un pitido detrás. Frené.
-¡HEY, QUE NO VEZ QUE ESTÁ EN VERDE!
-lo siento-dije con el corazón acelerado por la adrenalina.
Ni siquiera volteé a ver al conductor, sólo seguí pedaleando.
Pero el conductor sí que me había visto.
-¿Pauline?
Me detuve en seco al escuchar mi nombre.
-Ho-hola.
-¿Te pasa algo?-el auto se había orillado al lado de la banqueta donde me encontraba.
-Sí...yo...si estoy bien, ¿qué haces aquí?
Oliver se bajó de su auto.
-Quería sorprenderte...iba a tu casa-me miró confundido-¿qué haces aquí, por cierto?
-Yo...-ni loca le decía la verdad-estaba paseando...quería tomar aire fresco.
Frunció el ceño...justo como lo hacia Ax...
-Te ves...algo alterada.
-No ¿qué? claro que no...sólo estoy agitada por el calor.
-Bueno, ¿ quieres ir a ver una película o algo?
-Yo...-miré el cielo, no me había dado cuenta de que ya estaba anocheciendo, así nunca encontraría Bleach Cornet-sí, claro, vamos...sólo que tengo mi bicicleta.
-No te preocupes, yo la acomodo en el auto, tú sólo ponte cómoda en el asiento.
Le hice caso un poco desorientada, mientras Oliver acomodaba mi bicicleta cerré los ojos un momento...
quizás estaba mal...¿por qué quería regresar a las cosas del pasado cuando mi presente era tan perfecto, tenía a un chico que me quería por quien era y con el que me la pasaba bien, ¿por qué volver a pensar en alguien que ya no pensaba en mi? ¿por qué volver a esos sentimientos agridulces?
-Pa-u.
-¿Sí?
-Lo siento, es sólo que parecías un poco perdida, te preguntaba que si querías ordenar comida china en el departamento.
-Si si, bien por mi.
-O...k.
-Vamos, ¿sí?-traté de estar en el momento-estoy un poco perdida porque...porque...mis padres salieron de la ciudad porque mi tío murió y fueron al funeral...
-¿Qué? no me habías contado eso...¿segura que estás bien?-preguntó realmente consternado...se veía tan adorable al estar preocupado.
-Podría estar mejor pero...sí sobreviviré.
Sonrió y sujetó mi mano antes de acelerar el auto.
Llegamos a Villas y mientras Oliver ordenada la cena entré al tocador, me miré en el espejo...con razón se había preocupado, tenía el maquillaje deshecho, el cabello despeinado y hasta pequeñas plantas de cuando me había recostado en el césped del parque.
Me arreglé como mejor pude, traté de sonreír al espejo para demostrar mi sonrisa de 'estoy perfectamente bien' y aunque no funcionó salí así.
Oliver estaba en la cocina sirviendo jugo de arándano en dos vasos de vidrio, me dio uno a beber antes de sentarse a mi lado en la sala. Me recargué en su hombro mientras él cambiaba de canal al televisor, buscando una película decente y sabiendo que yo no tenia muchas ganas de hablar.
Oliver era increíble, ¿cómo se me había ocurrido pedir algo más?
Lo besé en los labios antes de acurrucarme en su pecho y ver una película clásica hasta quedarme dormida.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)